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domingo, 8 de abril de 2018

Carnet de flojo.

  Después de publicar una entrada sobre el carnet de gordo, era de casi obligado cumplimiento escribir una sobre los vagos, porque en muchas ocasiones son dos asuntos que van unidos. Y es que en estos magníficos días de invierno que hemos tenido en los que ha faltado sólamente que nieve en nuestra ciudad, decir que uno va a entrenar en cualquier disciplina deportiva es digno de la moral de los combatientes del Álamo. Y es que vamos a decirlo, cuando uno sale a correr ya sea en una cinta o en un espacio libre, parece que lo hace en el mismo campo en el que jugaban Oliver y Benji, todo es tan grande que uno ve hasta la inclinación del planeta Tierra cuando sólo pretende llegar a la esquina del estanco de tu barrio, y vuelta. Los primeros objetivos pasan por cumplir un determinado tiempo, pero visto lo imposible de la empresa, con llegar andando sin arrastrarse, y sin lesiones, a casa, ya es todo un mérito, igual que con las borracheras de juventud. Lo del gimnasio ya es otra cosa, uno levanta pesos, pero muchas veces estás tumbado, y eso, ya es algo que atrae, todo hay que decirlo. En cuanto a las artes marciales, pagar para recibir tortazos a diario debería de estar considerado maltrato. Pero la plenitud y el apogeo del vago ocurre cuando toca ir a nadar en invierno y te encuentras con una manta viendo la televisión un sábado por la tarde, cuando en la calle hace cero graditos de nada. Ni frío ni calor. Si tienes el valor de levantarte y coger el coche, es que tienes alma de forajido.

 Con los trabajos es otra cosa. Ahí hay que doblar el espinazo por narices y casi por amor al arte con lo que suelen pagar en los últimos tiempos. Y es que el mercado laboral está muy difícil, no hay nada para probador de colchones en Pikolín, que es para lo que uno ha estudiado. Ya que a lo largo de mi vida, ya mostraba una cierta vocación en el instituto cuando buscaba que me echaran de clase, o alargaba el recreo en unas interminables partidas de tute o fútbol en el patio. Y es que el centro donde estudié es bastante cabroncete para aquello de la fuerza de voluntad: grandes balconadas en las aulas y enormes graderíos al lado de las pistas de fútbol, donde uno podía sentarse como un lagarto a tumbarse para coger sol en invierno (y que inviernos tan cálidos y soleaditos tuvimos entre el 97 y el 99). O un patio central con soportales, ideales para las partidas de cartas en los días de lluvia o cuando llegaban las calores preveraniegas. En la universidad la cosa tampoco mejoraba, y es que estudiar cerca de la playa de la Caleta o el parque Genovés, con sus incomparables céspedes, es como para animarte a entrar en los fríos, austeros y antiguos aularios de Cádiz. Así que cotorras, palomas y yo, junto con mis amigos, trabamos una cierta familiaridad tras habernos comido cientos de bocadillos gigantes de Maruja, y hacer la lentísima digestión que el ali oli y las papas del interior del "montadito" te proporcionaba. Así, como los buitres leonados de los campos de Olvera, tras comerse una res del tamaño de un ñu, eramos incapaces de levantar el vuelo, y nos quedábamos anonadados como si nos hubiéramos fumado un petardo trompetero. En cuanto a la vida laboral que uno adquiere de adulto, las cosas cambian, y es más o menos igual que en el matrimonio, cuando uno está fuera quiere entrar, pero cuando está dentro, quiere salir. Y es que el mercado laboral en España, cuanto más te toques los huevos más estable es tu trabajo. Que no se me echen encima los funcionarios, no me refiero a ellos, en exclusiva, no es justo nunca, generalizar en un gremio u otro, en el que hay de todo, como en botica. Sino a todos los trabajos tanto funcionariales como por cuenta ajena, e incluso en el mundo de los autónomos es posible verlo, en el que el efecto Graimito, constatado en un capítulo memorable de los Simpsons, uno puede observar como hay cascarones de huevo en todos lados que flojean más que los amortiguadores de un Tata con la complacencia de la gente que le rodea; mientras tanto al de al lado, normalmente becario, o con contrato temporal, le caerán todas las faenas, trabajos, broncas y responsabilidades que el/los vecinos tendrían que tomar por suyas. Así pues, como en todo en la vida, no es lo mismo estrella en el culo, que culo estrellado. Así que ese Graimito, deseará quitarse de un trabajo mal pagado mientras escucha a todos los desempleados que conozca, aquello de: si no lo quieres, dámelo, que ya verás lo pronto que lo cojo. Alguien que normalmente, no ha cogido una espiocha en su vida, pero que dice ésto mismo, porque es lo que oye a todo el mundo, y queda la mar de bien. Pero en el fondo, tanto tú, como él, sabéis que es mentira, nadie quiere ese empleo, los dos deseáis el sueldo Nescafé, o el de la ONCE, aunque lo ocultéis, por aquello de que sino os tachan de flojo.  

  Ahora bien, el colectivo de los flojos, otro olvidado, al igual que los gordos, sufren como no podía ser de otra manera de las típicas preguntas de si es que de verdad no hay nada o no lo estás buscando,  porque realmente todos lo sabemos, en España no trabaja el que no quiere, a decir, por los que ven los toros desde la barrera, claro. O los grandes consejos o sermones de los demás, sobre todo a lo que se refiere a frases del tipo Paulo Coelho o Jorge Bucay, en los que está de lujo escuchar aquello de "no triunfan los que no se caen, sino los que se levantan con cada caída", o "sólo los valientes logran su objetivo", o "la suerte no viene sola, sino que hay que buscarla"... Como decimos en Cádiz, míquehuevos, o lo que es lo mismo en castellano cervantino de toda la vida: consejos doy, que para mí no tengo. Pues para muchos amigos que uno tiene, a los que la vida les sonríe laboralmente, los parados son unos vagos que no quieren doblar el espinazo, y cierto que hay flojos, pero también los hay que no dan un palo al agua entre los trabajadores, aquellos que se pasan la vida tomando café, fumando, o escaqueándose de la oficina para ir a comprar pescado o ver a su hijo disfrazado de pastor por Navidades. O aquellos operarios de fábrica o albañiles que se ponen a paliquear en cuanto desaparece el encargado. O sea, que no es lícito juzgar y comparar a los parados con la vida de uno, y menos en un país como España, donde encontrar un empleo depende de tres opciones con sus distintos factores: o ser autónomo y que te vaya bien (aprende a rezar), opositar y que haya las suficientes plazas para que los interinos no se te cuelen con una sola firma en un examen, o directamente, tener un padrino que te enchufe, algo importante también en las otras dos opciones, si es posible. 

 Así pues, junto con el carnet de gordo, el pasaporte, el DNI, el carnet de conducir, el de la Seguridad Social, el de la BP, el del IKEA family, y la tarjeta de crédito más ruinosa del orbe, voy a tener que añadir el de carnet de flojo. Con tantos carnets voy a tener que necesitar una cartera de vieja, pero de todos modos, faltan las acreditaciones más importantes, el de alguna afiliación política o sindical, que me de lugar a un puesto de maestranza colchonero, no del Atleti, sino de Pikolín, que es menos sufrido. Pero con lo Graimito que soy, seguro que me harto de pegar carteles y lamer culos, y sólo se acordarán de mí de palmero y niño de los recados, y es que como dije en el segundo párrafo, la estrella de mi culo, es una enana blanca que no ilumina ni da calor ni con una estufa de refuerzo, mientras otros gozan de una gigante roja que con su sola presencia logran hacerse un hueco donde sea. Pero por supuesto, la culpa es mía que no me lo he currado lo suficiente...

domingo, 15 de enero de 2017

The Street Cleaner.

 En estos tiempos de que Dios nos ha dado y la idiosincrasia de nuestra noble nación, cada día es más difícil escribir una entrada, porque hay que decirlo, tan malo es el exceso como la escasez de temas. Uno empieza cuarenta artículos y no termina ninguno, estoy igual que el mecánico que te manda a pedir una pieza que va a llegar en "tres días". Hay que decir que evidentemente por la realidad social que se puede vivir en este rincón de Andalucía y con mi edad en concreto, la mayoría de ellos va dedicado al fraudulento mundo laboral español, pues con los enchufes decimos algo así como con los Reyes Magos: no son los padres, y el trabajo de los demás es gracias a sus méritos. 

  Pero la verdad de todo es que, entre lo duro que está el mercado laboral y el grado de "sofisticación" que está adquiriendo todo, se está convirtiendo para los treintañeros y cuarentones, el buscar un empleo digno en algo difícil. Porque hay que decirlo, cuando empezamos a rellenar currículos, escribías lo típico: tus datos personales, tus estudios y tu experiencia, si la tenías. Además en aquellos tiempos eso de lo que hicieras en tu tiempo libre importaba un pimiento, ahora te hacen un cuestionario on line para ver si tienes la habilidad de comer chirimoyas sin escupir ninguna pepita o si eres capaz de volar con las orejas mientras tocas la pandereta. Y cuando ponías un empleo en el mismo ponías la verdad, un poco adornada o exagerada, pero una serie de trabajos que quedan dentro de la experiencia de cada uno. Pero hoy ya no, hoy hay que matizar, hay que venderse como un producto, hay que darle brillo (en palabras de muchos enteradillos de la materia): no pongas cocinero, hoy eres chef, lo tuyo ya no es hacer un guiso de papas con carne, sino cocinar con soplete. Tampoco eres monitor de gimnasio, eres personal trainer. Olvida aquello de pirata informático, ahora es growth hacker, o ya no hay autónomos, hay freelance. Y a los enchufes se les llama ahora Networking o red de contactos, que así la gente no te mira mal. Así pues como yo he sido durante largo tiempo barrendero, voy a poner en mi experiencia que he sido Street Cleaner, que suena mejor, y más bonito, o cuando fui oficinista, que fui office worker, y así parece que estás hablando de un procesador de texto. Con tus aficiones conviene recordar siempre, que te gusta ver los programas culturales, en una época en la que los documentales versan sobre pirámides hecha por extraterrestres. Y recuerda, no vas a correr, practicas running. Tu gimnasio no se llama Rocky, Hércules u Olimpia. Su nombre debe ser Body Sport Fitness o Gym Sport Center.  Y por supuesto, no olvide que ya no eres activo, sino proactivo, asertivo y que le gusta trabajar en equipo y por amor al arte. Que el sueño de su vida fue siempre limpiar váteres ajenos, recoger plastas del tamaño de la catedral de Burgos, convivir con cucarachas que puedes utilizar para transporte interurbano por su tamaño, o maquillar cadáveres en vez de a artistas del Pay Pay. 

  No se olvide luego del idioma, hay que saber inglés. Porque claro, si todos lo tienen, usted también, y además, lógicamente tendrá que aprender que significa lo que usted a puesto en el currículo. Pero no vale cualquiera, el Cambridge no lo aceptan en las empresas, el Oxford sí, pero el Northkingtown no vale para las oposiciones. Sáquese el B2, que tiene nombre de remedio para borrachos comatosos. Pero no solo de inglés, también, alemán, serbocroata, chino chiungai, swuahili panocho, árabe tíngitano, quechua decathlon, guaraní paranaense, indopersa, o ruso marbellí. Y es que todo es poco para un puesto de la importancia del que se pide, como es el de Street Cleaner, donde tomará decisiones tan trascendentales como cuando barrer una acera o la otra en función de las temperaturas y las horas del sol. Por eso se necesita una persona acostumbrada a trabajar con alta presión en el ambiente. Y por supuesto, no olvide nunca, su título de manipulador de alimento. ¿Que para que?. Para la hora del bocadillo. Y mira que cosas, tienes además el curso (o el master, según el caso) de Prevención de Riesgos Laborales, pero eso, ya no vale para nada, se pedía hace diez años. Resulta que como el B2 hoy día, que todo el mundo lo hizo sin saber porqué, por rellenar, y ahora es más común que una boina de cuadros. Y sino tengo primo al que enchufar, no se preocupe, ya haré un reality show (ya no es concurso), que se llamará Mastercleaner donde por morbo enfrentaremos y dejaremos que los concursantes se metan docenas de puñaladas en la que el ganador tendrá una plaza en la prestigiosa academia de barrenderos, perdón, digo de Master Street Cleaners de Albujón del Segura. Bendiciones del sistema español, capitalista neoliberal para los trabajadores, socialista e intervencionista para los bancos. Grandes tiempos para los nuevos señores feudales. Menos mal que tenemos a las generaciones mejor preparadas...

 Borges. Enorme...

viernes, 6 de mayo de 2016

Trabajar por placer.

 Excluyendo a los  voluntarios por algo, ya sea un grupo ecologista, una asociación contra el cáncer, contra la pobreza, una cofradía, un equipo de fútbol, un partido político, o lo que sea, pues son gente que trabajan por causas mayores a su propia individualidad; pregunto a todos los presentes, y que me levante la mano el tonto del haba que se levanta temprano, vuelve tarde a casa, o hace alguna guardia nocturna, y lo haga por el más absoluto de los placeres. Y vamos a separar la paja del grano, habrá gente vocacional que me diga que su trabajo le encanta, pero una cosa no quita la otra, porque unas son horas laborables, por mucho que uno disfrute (que ya es una lotería, en España, trabajar en lo que te corresponde), y otra muy distinta las festivas. Porque al fin y al cabo, el placer consiste en estar tomando unas tortillas de camarones acompañadas de unas cervecitas en una terraza con los amigos. Estar tumbado en la playa, pasar un día en el campo, o irse directamente de juerga. Allá cada uno con sus gustos y aficiones.

 Ésto viene a colación porque el otro día en una aplicación de móvil que tengo, que es además página web, y que en teoría sirve para encontrar trabajo (timojobs...), resulta que al presentar tus solicitudes para los "millones" de empleos que se ofrecen -muchos de los cuales, sospechosamente, salen y una y otra vez, como los del mundillo comercial- resulta que ahora se ha puesto de moda el dichoso cuestionario de turno en el que te preguntan experiencia, y si has trabajado en el sector y cosas por el estilo. Pero el premio bastinaso de oro se la lleva la típica cuestión de: ¿y usted por qué quiere trabajar en nuestra empresa o en dicho sector?. He de decir que a lo primero contestaba con la típica retahíla de "porque es un sector y una empresa por la que siempre me he sentido atraído" y falsedades varias. Visto que la cosa se ha puesto de moda, y que echar un curriculum es más coñazo que las aceras de la calle Juan de Austria, ya respondo rápidamente aquello de: "por placer..." Y no pongo el no te jode...porque ya es faltar mucho al respeto. Aunque no llegaría aún así, al nivel de ellos. La última pregunta en cuestión, que contesté así, fue para una empresa funeraria. ¿Acaso esperaban en dicha empresa, o en una que se dedica a limpiar váteres, que de verdad uno echa una solicitud de empleo en un sitio así por vocación?, ¿o por puñetera necesidad?. Vamos, no me jodas. El grado de estupidez supina de la pregunta ya es que roza el insulto a la inteligencia y la falta de respeto por el desempleado de turno. La hipocresía que maneja el mercado laboral, y en concreto, los departamentos de recursos humanos de muchas empresas es digno de la mayor tontería y encorsetamiento social desde la época victoriana. Y más en un país, como el nuestro, donde hay estadísticas de que el 81% de los empleos se encuentran por enchufe. La noticia es literal, no me la he sacado de la manga. Imagino al típico ingeniero con tres másteres, uno en Kentucky, otro por la Politécnica de Michigán, y el tercero por la Universidad Complutense, diciendo, que bueno, yo he hecho todo ésto, y mis padres se han gastado tal pasta (cuando no la ha trabajado él mismo para poder pagársela), y que tiene el C2 de chino mandarín, además de hablar ocho idiomas más, diciendo aquello de que lo que realmente le interesaba en la vida era acabar vendiendo seguros a puerta fría.

 Toda la farsa que conlleva todo este ritual de entrevistas, cuestionarios y demás, es como la cocina de los programas de la televisión. Mucha pamplina de emplatado, de creaciones hecha con un soplete, miradas de superioridad, falta de compañerismo, pisoteo a los demás, broncas donde brilla por su ausencia el respeto, y donde se debe de contestar al jurado de turno como los reclutas de un cuartel a su sargento. Mucho endiosamiento, mucha falsedad, muy bonito todo, para al final acabar con un plato cuadrado y una bazofia mínima en el centro. Con las selecciones de personal es igual, mucha traba, muchas falsas personalidades, demasiada corrección política en lo que decir, para al final, si tienes suerte, acabar entrando, a trabajar con un sueldo de seiscientos euros, cotización mínima, y puesto laboral inferior al que realmente realizas. Mucho plato para tan poco pescado. Mucho lerele, y poco larala, como se dice por aquí. Si tienen la veintena de años, y me están leyendo, permítanme un consejo: metánse a militar o a la Guardia Civil, y creánme, no soy de ninguno de los cuerpos mencionados, pero le aseguro, que pese a la fama, soportaran menos tonterías que en la calle.

lunes, 28 de marzo de 2016

Pues también es mala suerte...

 La verdad es que para no ser nada supersticioso, siempre he creído mucho en la suerte, es verdad, que casi siempre, te sale el típico listillo diciendo eso de que La suerte hay que buscarla. Como si los que vamos de puto culo no la hubiéramos buscado... Y yo siempre lo digo claro, el maldito Murphy 
la tiene tomada conmigo, como la profesora que tenía en el colegio; porque seamos sinceros, el que es cenizo, lo es de nacimiento o no lo es, como el que es guapo, orejón o cabezón, se tiene o no se tiene. Y siempre he pensado que en este mundo hay una conjunción planetaria, o una concatenación de hechos, que siempre logran dar por culo en el momento menos adecuado. Y es que la suerte es inversamente proporcional a la cordura. Es decir, que para tenerla, basta con ser un gilipollas. Otra cosa es la "suerte" con comillas, no las del marqués, sino esa sospechosa que tiene cierto sujeto que en todo momento laboral de su vida va pegando pelotazos, ahí que quieren que les diga, perdonen mi escepticismo hacia un país como el nuestro, dado al padrinazgo y al enchufismo más rancio. 

 En fin que sea como sea, en otra vida, tuve que ser un cruel señor feudal, un desalmado pirata o un tirano de cualquier república bananera de alguna isla tropical, el caso es que siempre el destino me jode de un modo o de otro. Me acuerdo como en 1º de BUP (sí, tengo ya mis años), tuve un profesor de educación física que era preparador físico del Cádiz, y resultaba que por aquellos tiempos, el árbitro que más pitaba en contra del equipo amarillo, era precisamente uno que se apedillaba, como no, Baños Martínez. Fíjate como era la cosa, que él tenía que salir siempre escoltado del Carranza. Y yo tuve que correr tres carreras de no sé cuantos kilómetros para aprobar la asignatura, porque el profesor se creía que el otro era mi hermano. Pero es en lo laboral donde mi bajío se lleva la palma, y no viñera precisamente, si entro a trabajar en una empresa potente, ésta se declara en bancarrota, y todos a la puta calle. Si entro en una donde hay una vacante para dos, la otra candidata será una muchacha de generoso escote, objeto de deseo de un viejo verde que resultó ser el dueño de la misma, si entro en unos grandes almacenes, empiezan a echar hasta a los fijos porque no va ni San Pedro a comprar, en otro lado, entro para una cosa mejor, y acabo con una soleta porque al final se necesita otra cosa. Por esa regla, si me meto en una funeraria, deja la gente de morirse. Así que como comprenderán, sí creo en la suerte, sobre todo en la mala, porque hay muchos factores que se han escapado de las manos, y no son culpa mía, antes de que alguien diga nada. Que es muy fácil torear desde la barrera. La verdad, creo que ésta es la primera vez, que escribo a un nivel tan personal, pero a veces, es bueno el desahogo, y el echar bilis por el teclado. 

  La última coincidencia chunga, y volviendo a poner una nota de humor, es la del político separatista, antiespañol, antiUE, antiOTAN, antiPajaresyEsteso, antitodo...pues que resulta, que la lía parda en el parlamento catalán, y se llama, como no, Antonio Baños. Justo cuando este verano había pasado yo por Barcelona, que ya es casualidad. Pero no es lo único, me perdí lo de Ricky Martín en el Sorpresa Sorpresa y la niña del foie gras preparado en su mollete de Antequera para su perro. Lo vio todo el mundo, menos yo, y gente que me dijo que lo tenía grabado y aún no me la han enseñado. O cuando vivía en León Herrero, y todo el mundo decía que estaba el Iker Jiménez en el Plaza porque había una niña fantasmal en el cine, y yo asomado a la ventana como un carajote, y buscando el reportaje en el Cuarto Milenio. Ya van con retraso si quieren publicarlo, porque la niña habrá terminado ya, hasta con el purgatorio. Y ahora resulta que todo el mundo, aquí en Cádiz, conoce al Kichi, que es su coleguita y es muy buena gente. Cojones, al final el único que no lo va a conocer voy a ser yo. Y es que la mala suerte me persigue. Igual que cuando alguien me promete que va a hablar por mí en algún trabajo, y cuando toca, resulta que ahora no, que está todo muy mal y están echando gente. Ya es mala suerte...todos con enchufe, menos yo.





viernes, 27 de junio de 2014

El desempleo como negocio

 Puede que sorprenda, que una desgracia, como el desempleo, pueda ser considerada un negocio, pero en España, país del paro como excelencia, y Andalucía, como la decana, tal afirmación puede dar a lugar. Tampoco hay que creerse conspiraciones judeomasónicas, ni del Club Bilderberg o de extraterrestres lagartones que nos dominan. Simplemente, como en toda juerga, literalmente, uno sale a tomar solo una cerveza y una cosa lleva a la otra, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, o el Guadalete por El Puerto, que es más nuestro. Y así acabar con  un desmadre en el que todos desvarían. Con el dinero fácil, pasa lo mismo, cuando llega llovido del cielo, la cosa se convierte en algo obligado, y en un modus vivendi para el parásito que siempre lo recibe, sin producir nada a cambio (mirese el PER como ejemplo). Eso ha ocurrido con las administraciones españolas, y andaluza en particular. Y también con los sindicatos y empresas. Ninguno de estos sectores han servido para crear un tejido económico productivo, tan mermado desde los ochenta, que hubiera dado cimientos sólidos a nuestra economía. Se han basado en el dinero fácil, y rápido, y nosotros pagamos las consecuencias, pagamos la cuenta en el bar donde se ha corrido la juerga. Hay que parar a pensar en los siguientes puntos, para tener la misma conclusión que yo, pues probablemente, el desempleo, lleve un buen porcentaje del PIB español dentro de sus beneficios:

  • Punto 1: Las subvenciones europeas a las administraciones y sindicatos, son golosas, y conviene no terminarlas nunca. Por tanto, si la región prospera, se deja de recibir dinero, y se acaba el chollo. 
  • Punto 2: La avaricia de las propias empresas que quieren el máximo beneficio al menor coste posibles. Y lo que tres trabajadores puedan hacer en el lugar de seis, pues mejor. Así que las empresas andaluzas no se suelen expandir, sino que se estancan con el mínimo número de empleados posibles. Pues así, también, se pueden aprovechar de las ayudas que se ofrecen a las PYMEs. Muchos empresarios, asimismo, buscan en un futuro vivir de la renta, con el simple alquiler de locales, o de maquinaria colocable con dos o tres empleados. No se hace economía productiva.
  • Punto 3: Ya que nos regalan el dinero de Europa (que pagamos todos), lo empleamos en cursos de formación que no llevan a nada, y que ni empresarios, ni administraciones tienen en cuenta en el curriculum de nadie a la hora de contratarlos. Para que esto se convierta en un círculo vicioso, en el que el trabajador, desesperado, haga una y otra vez, un curso tras otro, con sus distintas subvenciones. Mientras tanto, si podemos desviar de aquí y de allí y hacemos un fraude, es bonito mientras nadie se entere.
  • Punto 4: La interminable creación de entes públicos para mayor gloria de un sistema intervencionista en la vida de sus ciudadanos, y que son sueldos, bien pagados, para beneficio de familiares y amigos, que van a consumir en la calle (coches, bares, pisos). Hay que aclarar, claro, que ninguno de los colocados han entrado por oposición. La eliminación, hoy día de dichas empresas, llevaría a la ruina económica de nuestra comunidad, y al aumento exponencial, del índice de paro. Además, con ello, se ha creado un sistema clientelar, con el que se aseguran votos al partido dominador en la región. Otro punto a destacar dentro de éste es la creación de programas inútiles como CEPES, emprende, Vivero de empresas, Andalucía Orienta...se puede seguir, pero no cabría en el blog. Todo esto, son dinero y subvenciones, por la cara, sin producir nada, y en distintas administraciones: local, autonómica o estatal. 
  • Punto 5: La creación, por necesidad, de empresas (privadas en este caso) de colocación o trabajo temporal, casi tantas o más, que de algunos sectores específicos, y a priori, de mayor estrategia política, como fueran las telecomunicaciones. Como son Infojobs, Adeco, Trabajar.com, Linkedin, Infoempleo y demás. Han creado una tela empresarial, un lobby bastante importante, abusando de la desesperación ajena, y de la inutilidad de un SAE y un INEM, que son meras comparsas. Se han convertido en tan imprescindibles que, hoy mismo, se ha anunciado en la radio que dichas empresas recibirán una importante cantidad de dinero por persona contratada.
  • Punto 6: La conflictividad laboral da alas, y vida, a unos sindicatos (y Patronal, Confederaciones de Empresarios, etc.) que saben, no son muy populares hoy día. Y éstos, no tienen intención de defender al trabajador, o al desempleado, ni siquiera a las empresas, sino que viven de hacer política. De ser el ala propagandística de los partidos, según con el color con el que se identifiquen. La tela creada con los EREs no es ni lógica, ¿como se puede pagar a un sindicato por cada empleado despedido?. Pues ese es el chollo del que se han nutrido los aprovechados de turno.
  • Punto 7:  La creación de miles, y miles de academias que han recibido miles y miles de subvenciones, por dar cursos de FPO y FC. Ahora su nuevo chollo es el pelotazo de los idiomas. 
 Resumo aquí, en siete puntos, lo que el sentido común mío, y de muchos, nos dice que ha ocurrido con la escoria de mercado laboral del que somos víctimas. No hay nada nuevo bajo el sol, y esta entrada ni siquiera es una genialidad o algo técnico, pues la juerga la conocíamos antes de que estallara toda la crisis, otra cosa es que toda a Andalucía le importara un pito, con la esperanza de cada uno de sus ciudadanos, de poder ser colocados en cualquier empresa pública o administración por algún compadre. Pues ya entonces, las empresas aplicaban el látigo como pena constante, y fuera de ellas, se podía vivir de la sopa boba, exactamente igual que en siglo XVII. Pero sin artistas dignos de mención.


viernes, 16 de mayo de 2014

La sonrisa del gilipollas

 Seguro que le ha pasado, alguna vez se ha tenido que hacer una foto con un tonto del nabo, y resulta que no tenías ganas, pero ¿que les vas a hacer?. Te han pillado, y no te queda otra. O pones la cara de estreñido, o bien sonríes con cara payaso del McDonalds, forzadamente, y a sabiendas de que has puesto cara de gilipollas. La lástima de todo esto es, que a medida de que te haces viejo pones, cada vez más esa sonrisa de corta y pega. Pues si de adolescente, das el alma por tus ideales, que pueden ser sencillos y no grandilocuentes, ahora resulta que todo te importa un carajo, menos el interior del primero derecha que es donde vives. Te pasas un tercio de tu vida durmiendo, que es la parte buena, todo hay que decirlo. Otro tercio te lo pasas en los buenos momentos. Y un restante tragando miñocas del tamaño de mamuts lanudos.

 Sinceramente, no es esto un panegírico de lo jodido que anda todo, que eso no es nuevo. Pero lo que más odio sin comprensión alguna, por mi parte, es la dictadura del todo va bien, de lo políticamente correcto. Del medir con escuadra y cartabón cada una de tus palabras, borrando todo atisbo de sinceridad por tu parte. Y es que hay que decirlo en una tierra, como la nuestra, Cádiz, hay demasiadas bocas para tan poco rabo. Mucho chupaculos para tan poco paraíso. Eso, hablando, sobre todo, en cuestiones de trabajo, pero no es el único ámbito. Hay que poner sonrisa de capullo, forzada al extremo cuando te encuentras a la cantidad ingente de impresentables que uno ve a lo largo del día: en tu barrio, entrevistas de trabajo, y si uno tiene "suerte" en la mierda de empleos que se pueden ir cogiendo. Por supuesto , en la dictadura de lo correcto, hay que borrar todo conato de personalidad que puedas mostrar, y ser uno más, dentro de la cadena de montaje de gilipollas anónimos que es la ciudadanía de hoy en día. Todos iguales: grises pero impolutos, sonrisa, falsa intelectualidad, diplomacia rastrera, de oculta prepotencia y por supuesto, un tono de voz modulado, para que se demuestre que usted es políticamente moderado y correcto. Lejos quedan, por ejemplo, en la televisión, los presentadores con personalidad, ahora solo hay guapitos que se preocupan más de su flequillo y de no ofender a ningún gremio. Sonría usted, si trabaja de cara al público, sino sonría al sinvergüenza de tu jefe, o al capullo de tu vecino. O al que te ha dado la puñalada. Que ya saldrá alguien diciendo que no lo tome en serio, que fulanito es así. Por supuesto, justificado, con la sonrisa del gilipollas. Además, no conforme con todo, en la dictadura de lo correcto, usted tendrá que alabar el trabajo "sacrificado y brillante" del trepa, del vago o del negrero, que saben sacar petroleo de donde no lo hay, a costa de no hacer el huevo, de colgarse las medallas, de no decir nunca No a a una orden de un superior con la que no esté de acuerdo o de tratar a los demás con la punta del pie. Hay que ser humilde, por narices, y decir que trabajas poco a poco, día a día, pero con una meta clara y concisa, por el bien de un grupo que te importa una mierda. Hay que decir que eres polivalente, pero a la vez especialista en todo lo que se te ponga por delante. Hay que respetar a todo el mundo, merezca o no, tal distinción.

 Ya se ve que odio la falsa humildad, las sonrisas y alabanzas forzadas. Y transportándolo al mundo del fútbol, como ejemplo de esto, les diré que ya acabé hasta las narices de que el mejor entrenador y equipo de lo que va de siglo XXI, ganaran siempre por casualidad y nunca porque son los mejores. Ese entrenador que alababa, incluso al Torredonjimeno United, que jugaba en regional, y presentaba un "peligro real" para el resultado de vuelta del partido, a pesar de haber ganado diez a cero en el de ida, en campo contrario. Una cosa es el respeto, y otra, bien distinta, la tontería. Y por supuesto, sobre sus jugadores, que se sabían los mejores del mundo, y siempre declaraban así (póngale acento argentino o brasileño, si se quiere): No, yo marqué de casualidad, pasaba por ahí...y no me di cuenta. Yo sólo vivo para trabajar el día a día, sin metas alguna para buscar la permanencia en primera. Luego, ganaban la liga, la champions y todo lo que se encontraban. Al final, parecía que la culpa de que ellos ganaran eran de los otros, que ellos no querían ganar, y casi pedían perdón. No me gusta la arrogancia, tampoco la falsa humildad, como en todo, ni tanto, ni tan calvo. Sonría, forzadamente si quiere, no vaya a ser que nadie piense mal...y la tengamos.

Pd: Perdón a los calvos, que no quería ofender, que yo soy un humilde bloguero, nada más...



sábado, 26 de abril de 2014

La mina de carbón

 Sinceramente no tenía tema para esta semana, pero la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol, lo ha puesto a huevo. Las declaraciones suyas, neoliberales en extremo, han desatado la polémica y me han ayudado a tener una idea para esta entrada. Como siempre en nuestra nación, se ha recurrido a la comparación con Europa para perjudicar al trabajador, pero nunca para beneficiarlo. ¿Por qué si las condiciones han de ser las mismas, los sueldos no?. Voy a razonar, sencillamente, porque en España hay una plaga de Ninis, y porque la productividad es la más baja de Europa a pesar de trabajar más horas. Las razones la expongo una a una, y no va a ser la primera vez que lo explique:

  •  Las empresas españolas solo usan los beneficios para los bolsillos propios en vez de invertir en mejoras de la propia empresa, como pudiera ser investigación y desarrollo. He visto con mis ojos, como dinero de cierta empresa se utilizaba para pagar multas de los hijos del dueño. Contratados para no hacer nada, y malcriados al extremo. Así no se levanta un país.
  • Las empresas españolas tienen un carácter familiar, paternalista y dado  al enchufismo. Las posibilidades de contratar a la persona más capaz es del todo nula debido a la cantidad constante de compromisos familiares y amistosos. 
  • Las posibilidad de ascender es casi nula en el entramado empresarial español, ya que la mayoría son PYMES familiares que cierran todas las puertas de ascenso a los trabajadores que no pertenezcan al clan familiar. 
  • Pocas empresas españolas (si excluimos a Mercadona) aplican la política de que el trabajador contento acude a su puesto con más ganas, y por tanto, está más motivado para levantar la empresa. Cada vez hay más vueltas de tuercas, y más tiranía laboral.
  • Los horarios son malos, desproporcionados, y los sueldos escasos. Las horas están mal pagadas, y en la mayoría de los casos, incluso son tardíos los salarios a la hora de cobrarlos; en cierta ocasión tardé un mes en cobrar mi sueldo. Las horas extras, por supuesto, son en muchos casos obligatorias, y sin cobrar. 
  • Toda empresa, al ser en su mayoría familiar, deja los peores trabajos, y más rutinarios, a los empleados foráneos. 
  • Las vacaciones, muchas veces son escasas, y se le deben al trabajador, durante muchos años, sin llegar a cumplirse la ley nunca. De los días de asuntos propios, mejor ni hablamos. Y directamente, no hay derecho a ponerse enfermo.
  • El dinero de la empresa, muchas veces se gasta en banalidades, se busca el beneficio rápido y el pelotazo de turno. Eso causa escasez de originalidad y de diversidad en el tejido empresarial, cuyo gremio de empresas peloteras del momento, crecerán como hongos hasta que estalle la burbuja de turno. 
  • Por ello, nunca nadie se ha preocupado en la formación de los trabajadores, sólo se bastan con una cantidad, bastante abultada, de trabajadores sin titulación ni formación, currantes a los que se les paga tres pesetas a cambio de trabajar temporalmente.
  • Si no, en los buenos empleos, se ha de exigir edades muy juveniles, y amplia experiencia, imposibles de cumplir, cuando no se quiere contratar a nadie. Se saca el anuncio, se cumple la ley, y ya se contrata a quien se apetece. 
  • Todos los sindicatos son amarillos y defienden a su partido o empresa, en lugar de al trabajador. Los liberados sindicales que debieran acudir, al menos, tres días a la semana a su puesto de trabajo (viene escrito por ley), no aparecen en la vida por la empresa, importándoles un higo la salud laboral.
  • La Oficina de Empleo no sirve, absolutamente, de nada. Sin un apoyo estatal, el desempleado se ve sólo en la búsqueda de trabajo, sin ninguna ayuda oficial a la hora de moverse por un mundo tan farragoso.
  • La plaga de contratos temporales es extremadamente alta. La brecha que esta señora pretende acortar con los indefinidos es, por supuesto, a la baja, y no a la alta, como debiera ser. Y el trabajador aspira a mejorar, nunca a empeorar, créame.
  • La dedicación obsesiva al sector servicios nos ha buscado la ruina. Porque, sencillamente, no producimos nada.
  • La escasez de contratos indefinidos, y los sueldos escasos, propician la dificultad  en el consumo por parte de los ciudadanos, que siempre tienen que apretarse el cinturón. Y por supuesto, dificulta el acceso a los préstamos para meterse en objetivos mayores, como la compra de un coche o un piso. Con ello, se hunden más empresas, y hay más trabajadores en el paro. Así de fácil.
  Estos, entre otros varios asuntos que no se me vienen ahora a la cabeza, han creado una cantidad informe de trabajadores escasamente motivados, que ven un futuro sin mayores posibilidades, un presente monótono, aburrido y escasamente motivante, tras haber tenido un pasado brillantísimo en unos estudios en los que les prometieron el oro y el moro.  Ahora, dígale usted al Nini, que deje de vivir del cuento, y que trabaje por trescientos euros, y jornadas de seis o siete horas. No me invento nada, eso lo he vivido yo. Y luego quieren que trabajemos con ganas...Tal vez cabría decirle a la señora, que esto no es una mina de carbón del Gales del XIX, puede que de aquella se pudiera aplicar la pena del látigo, pero ahora, créame, está muy mal visto.