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domingo, 4 de diciembre de 2016

Po va a ser que no...

 Vaya año horrible en ésto de los referendos y elecciones, y es que o una de dos, o los ciudadanos se han vuelto tontos y no tienen ni idea de que votar, o es que les han salido contestones a los poderes de toda la vida. Después de lo del Brexit, dos elecciones en España, la negativa de Colombia al proceso de paz, el auge de la extrema derecha en muchos países de Europa, y para colmo lo de Donald Trump, demuestra dos cosas, una que las encuestan aciertan tanto como los economistas sobre el futuro, es casi mejor preguntar a la vidente que sale en el Telecádiz, que seguro que adivina con mayor porcentaje que todos los estudiosos de la materia estadística. Lo segundo es la demostración del absoluto agotamiento que se muestra en la mayoría de los ciudadanos occidentales, cansados ya, de una crisis que no acaba, y que no termina nunca con los recortes, el paro, o la baja calidad laboral entre otros síntomas, de que la cosa no termina de despegar por mucho que digan que la economía crece al 3%. Porque el problema de ésto es que los datos macroeconómicos poco importan a la mayoría de una, cada vez más raquítica, clase media, y una cada vez más amplia clase baja. Ya que ellos no ven que ese crecimiento se manifieste en su casa, sino que, por el contrario, ya tienen asumido que van a vivir peor que sus padres, a pesar de su mejor preparación.

 Puede que nos haya llegado nuestra particular Perestroika, y todo nuestro sistema capitalista y atlantista se esté yendo al traste. Pero el cansancio popular está llegando a todos los países de todos los modos posibles con populismos de distinto corte y espectro, que vienen a decir lo que todo el mundo quiere escuchar en el determinado lugar de turno. No obstante, todos tienen un punto en común: el votante medio se encuentra cansado también del sistema (no sólo en lo económico) que les rodea, de la censura constante de lo políticamente correcto, de las discriminaciones positivas, de la pérdida constante de derechos laborales, de la falta de defensa ante las grandes corporaciones, de la pérdida de valores, de las pérdida de las tradiciones y de la educación... en definitiva, cansados del edulcorado y plastificado mundo de hoy.  Se han dado cuenta de que todo era un escenario de cartón piedra. Luego están los actos contra los inmigrantes, el racismo en general, por un lado, y el ataque a la religión y la lucha de clases por otro. Pero al fin, y al cabo, como ya pasara en determinados momentos de la historia, con crisis similares, la llegada de violentos fenómenos desintegradores que, normalmente, no terminan bien, y que vuelven como si del mar se tratara con las mareas. Hablamos de un cansancio y un hastío que bien canalizan gentuza como Nigel Farage o Donald Trump, Le Pen o Artur Mas, con un carácter segregador. Otros como Pablo Iglesias o Tsipras alientan a las masas proletarias en contra de los mercados, hasta que chocan con la realidad de que quien verdaderamente manda en el mundo, es el dinero, simplemente y llanamente el dinero, en el sentido más literal del término. Aunque todos, incluído yo,  hubiéramos preferido una malvada organización de poderosos a la que derrotar. Para colmo, los políticos tradicionales, la denominada casta, todavía no se ha enterado de que las apreturas no son solo para el pueblo, sino que ellos mismos también deben aplicársela, adelgazando administraciones elefantasiacas como la española o la de la UE, y que para mantenerlas, implica apreturas de sueldos y subidas de impuestos. También han caído en el desprestigio los sindicatos, que son meras comparsas de unas empresas que ya no saben como explotar más al trabajador. Y lo que para mí son el auténtico cáncer a extirpar de la crisis, el problema principal, amen de la deslocalización de fábricas, son los paraísos fiscales donde sinvergüenzas y millonarios insolidarios depositan su dinero para evitar los impuestos que redunden en servicios sociales. Cosa que por cierto, el pobre también hace, comprando tabaco de contrabando, por ejemplo.

 Así pues que en esta tarde de lluvias (diluvio diría yo), en las que el canal Cuatro TV anuncia con pleno acierto que van a estrenar Noé, que mejor que en periodo de inundación de media España... Y con las noticias del último año, parece que llega el fin del mundo, y ahora que se está acabando todo es cuando el Cádiz C.F. empieza a jugar bien, que ya ha tenido tiempo para hacerlo. Pero como siempre, en nuestra tierra llegamos tarde a todo. Que mala suerte la nuestra. El mundo está cambiando, y quien sabe si a lo mejor traen la City a mi barrio. Pero si quieren un consejo, por ejemplo para Acofinca, u otras administradoras de comunidades de vecinos, mejor no pregunten por el pintado de la fachada o la subida de sueldo de la limpiadora en las reuniones, pues aunque los sondeos le den puntos favorables a usted, no vaya a ser que en las votaciones le digan: Po va a ser que no... Hagan como el gobierno de Colombia, si no le gusta el resultado del primer referendum, siga para adelante, con otro proceso parecido, pero sin preguntarle a nadie, con dos cojones, no vaya el pueblo a equivocarse otra vez.

viernes, 6 de mayo de 2016

Trabajar por placer.

 Excluyendo a los  voluntarios por algo, ya sea un grupo ecologista, una asociación contra el cáncer, contra la pobreza, una cofradía, un equipo de fútbol, un partido político, o lo que sea, pues son gente que trabajan por causas mayores a su propia individualidad; pregunto a todos los presentes, y que me levante la mano el tonto del haba que se levanta temprano, vuelve tarde a casa, o hace alguna guardia nocturna, y lo haga por el más absoluto de los placeres. Y vamos a separar la paja del grano, habrá gente vocacional que me diga que su trabajo le encanta, pero una cosa no quita la otra, porque unas son horas laborables, por mucho que uno disfrute (que ya es una lotería, en España, trabajar en lo que te corresponde), y otra muy distinta las festivas. Porque al fin y al cabo, el placer consiste en estar tomando unas tortillas de camarones acompañadas de unas cervecitas en una terraza con los amigos. Estar tumbado en la playa, pasar un día en el campo, o irse directamente de juerga. Allá cada uno con sus gustos y aficiones.

 Ésto viene a colación porque el otro día en una aplicación de móvil que tengo, que es además página web, y que en teoría sirve para encontrar trabajo (timojobs...), resulta que al presentar tus solicitudes para los "millones" de empleos que se ofrecen -muchos de los cuales, sospechosamente, salen y una y otra vez, como los del mundillo comercial- resulta que ahora se ha puesto de moda el dichoso cuestionario de turno en el que te preguntan experiencia, y si has trabajado en el sector y cosas por el estilo. Pero el premio bastinaso de oro se la lleva la típica cuestión de: ¿y usted por qué quiere trabajar en nuestra empresa o en dicho sector?. He de decir que a lo primero contestaba con la típica retahíla de "porque es un sector y una empresa por la que siempre me he sentido atraído" y falsedades varias. Visto que la cosa se ha puesto de moda, y que echar un curriculum es más coñazo que las aceras de la calle Juan de Austria, ya respondo rápidamente aquello de: "por placer..." Y no pongo el no te jode...porque ya es faltar mucho al respeto. Aunque no llegaría aún así, al nivel de ellos. La última pregunta en cuestión, que contesté así, fue para una empresa funeraria. ¿Acaso esperaban en dicha empresa, o en una que se dedica a limpiar váteres, que de verdad uno echa una solicitud de empleo en un sitio así por vocación?, ¿o por puñetera necesidad?. Vamos, no me jodas. El grado de estupidez supina de la pregunta ya es que roza el insulto a la inteligencia y la falta de respeto por el desempleado de turno. La hipocresía que maneja el mercado laboral, y en concreto, los departamentos de recursos humanos de muchas empresas es digno de la mayor tontería y encorsetamiento social desde la época victoriana. Y más en un país, como el nuestro, donde hay estadísticas de que el 81% de los empleos se encuentran por enchufe. La noticia es literal, no me la he sacado de la manga. Imagino al típico ingeniero con tres másteres, uno en Kentucky, otro por la Politécnica de Michigán, y el tercero por la Universidad Complutense, diciendo, que bueno, yo he hecho todo ésto, y mis padres se han gastado tal pasta (cuando no la ha trabajado él mismo para poder pagársela), y que tiene el C2 de chino mandarín, además de hablar ocho idiomas más, diciendo aquello de que lo que realmente le interesaba en la vida era acabar vendiendo seguros a puerta fría.

 Toda la farsa que conlleva todo este ritual de entrevistas, cuestionarios y demás, es como la cocina de los programas de la televisión. Mucha pamplina de emplatado, de creaciones hecha con un soplete, miradas de superioridad, falta de compañerismo, pisoteo a los demás, broncas donde brilla por su ausencia el respeto, y donde se debe de contestar al jurado de turno como los reclutas de un cuartel a su sargento. Mucho endiosamiento, mucha falsedad, muy bonito todo, para al final acabar con un plato cuadrado y una bazofia mínima en el centro. Con las selecciones de personal es igual, mucha traba, muchas falsas personalidades, demasiada corrección política en lo que decir, para al final, si tienes suerte, acabar entrando, a trabajar con un sueldo de seiscientos euros, cotización mínima, y puesto laboral inferior al que realmente realizas. Mucho plato para tan poco pescado. Mucho lerele, y poco larala, como se dice por aquí. Si tienen la veintena de años, y me están leyendo, permítanme un consejo: metánse a militar o a la Guardia Civil, y creánme, no soy de ninguno de los cuerpos mencionados, pero le aseguro, que pese a la fama, soportaran menos tonterías que en la calle.

lunes, 28 de marzo de 2016

Pues también es mala suerte...

 La verdad es que para no ser nada supersticioso, siempre he creído mucho en la suerte, es verdad, que casi siempre, te sale el típico listillo diciendo eso de que La suerte hay que buscarla. Como si los que vamos de puto culo no la hubiéramos buscado... Y yo siempre lo digo claro, el maldito Murphy 
la tiene tomada conmigo, como la profesora que tenía en el colegio; porque seamos sinceros, el que es cenizo, lo es de nacimiento o no lo es, como el que es guapo, orejón o cabezón, se tiene o no se tiene. Y siempre he pensado que en este mundo hay una conjunción planetaria, o una concatenación de hechos, que siempre logran dar por culo en el momento menos adecuado. Y es que la suerte es inversamente proporcional a la cordura. Es decir, que para tenerla, basta con ser un gilipollas. Otra cosa es la "suerte" con comillas, no las del marqués, sino esa sospechosa que tiene cierto sujeto que en todo momento laboral de su vida va pegando pelotazos, ahí que quieren que les diga, perdonen mi escepticismo hacia un país como el nuestro, dado al padrinazgo y al enchufismo más rancio. 

 En fin que sea como sea, en otra vida, tuve que ser un cruel señor feudal, un desalmado pirata o un tirano de cualquier república bananera de alguna isla tropical, el caso es que siempre el destino me jode de un modo o de otro. Me acuerdo como en 1º de BUP (sí, tengo ya mis años), tuve un profesor de educación física que era preparador físico del Cádiz, y resultaba que por aquellos tiempos, el árbitro que más pitaba en contra del equipo amarillo, era precisamente uno que se apedillaba, como no, Baños Martínez. Fíjate como era la cosa, que él tenía que salir siempre escoltado del Carranza. Y yo tuve que correr tres carreras de no sé cuantos kilómetros para aprobar la asignatura, porque el profesor se creía que el otro era mi hermano. Pero es en lo laboral donde mi bajío se lleva la palma, y no viñera precisamente, si entro a trabajar en una empresa potente, ésta se declara en bancarrota, y todos a la puta calle. Si entro en una donde hay una vacante para dos, la otra candidata será una muchacha de generoso escote, objeto de deseo de un viejo verde que resultó ser el dueño de la misma, si entro en unos grandes almacenes, empiezan a echar hasta a los fijos porque no va ni San Pedro a comprar, en otro lado, entro para una cosa mejor, y acabo con una soleta porque al final se necesita otra cosa. Por esa regla, si me meto en una funeraria, deja la gente de morirse. Así que como comprenderán, sí creo en la suerte, sobre todo en la mala, porque hay muchos factores que se han escapado de las manos, y no son culpa mía, antes de que alguien diga nada. Que es muy fácil torear desde la barrera. La verdad, creo que ésta es la primera vez, que escribo a un nivel tan personal, pero a veces, es bueno el desahogo, y el echar bilis por el teclado. 

  La última coincidencia chunga, y volviendo a poner una nota de humor, es la del político separatista, antiespañol, antiUE, antiOTAN, antiPajaresyEsteso, antitodo...pues que resulta, que la lía parda en el parlamento catalán, y se llama, como no, Antonio Baños. Justo cuando este verano había pasado yo por Barcelona, que ya es casualidad. Pero no es lo único, me perdí lo de Ricky Martín en el Sorpresa Sorpresa y la niña del foie gras preparado en su mollete de Antequera para su perro. Lo vio todo el mundo, menos yo, y gente que me dijo que lo tenía grabado y aún no me la han enseñado. O cuando vivía en León Herrero, y todo el mundo decía que estaba el Iker Jiménez en el Plaza porque había una niña fantasmal en el cine, y yo asomado a la ventana como un carajote, y buscando el reportaje en el Cuarto Milenio. Ya van con retraso si quieren publicarlo, porque la niña habrá terminado ya, hasta con el purgatorio. Y ahora resulta que todo el mundo, aquí en Cádiz, conoce al Kichi, que es su coleguita y es muy buena gente. Cojones, al final el único que no lo va a conocer voy a ser yo. Y es que la mala suerte me persigue. Igual que cuando alguien me promete que va a hablar por mí en algún trabajo, y cuando toca, resulta que ahora no, que está todo muy mal y están echando gente. Ya es mala suerte...todos con enchufe, menos yo.





sábado, 31 de octubre de 2015

Jason contra Santa Compaña.


   Todos recordamos, desde los años ochenta, como han salido películas de Jason enfrentándose contra todo el mundo: Freddy Kruger, Alien, Artur Mas... Pero nunca con la Santa Compaña, sin duda no tendría los suficientes redaños; un grupo de gallegos cabreados, es mucha tela, y más, si estos son los gallegos más temidos del mundo. ¿Y a que viene éste disparate surrealista aquí planteado?, pues como siempre, desde hace unos años para acá, una vez pasada la fiesta de la Hispanidad, llega el inevitable e impuesto Halloween de las narices, fiesta del todo antipática y gamberra que nunca ha formado parte de nuestra tradición. Me agrada, que por ejemplo, en Sevilla no se anden con las mismas tonterías que en San Fernando, y se siga representando el Tenorio, tomándose huesitos de santo, o leyendo el Monte de las Ánimas. O que en el Cádiz del pagano Kichi, se siga disfrazando a los cochinos y pollos en los distintos puestos de los mercados. 

   Es curioso decir, que aquellos que fomentan la dichosa fiesta, aparte de los centros comerciales, son aquellas gentes que van de izquierdas y antiamericanos por el mundo, pero que no tienen objeción alguna en traer las muchas chorradas yankees que ya son una basura en su país, innecesarias del todo aquí, donde tenemos tradiciones y costumbres mucho más antiguas, y más atractivas que las norteamericanas (por cierto, muchas de ellas célticas también). Es mucho más que eso, es la entrada como un elefante en una cacharrería, de una fiesta capitalista y anglosajona, que va en contra de la nuestra y de los mercados de abastos tradicionales. No lo duden, es el pequeño comercio y las costumbres españolas, contra la vorágine de las grandes cadenas y la globalización. Así de claro. Es ya un hecho evidente, desde hace años, que los mercados, las asociaciones de comercios locales, los grandes almacenes, y los partidos políticos, ya sean ayuntamientos o lo que sean, vienen imponiendo las fiestas a las que debemos de acudir o no, por encima de los gustos locales y las tradiciones. Ojo, no hablo del Toro de La Vega, acto claro de barbarie. Hablo por ejemplo de nuestro caso en San Fernando, donde ya, nadie sabe porque se celebra el día de Las Cortes como festivo principal en detrimento del que era el clásico Día del Cerro, día de romería popular al cerro de Los Mártires, con una tradición que cuenta el sacrificio de los santos San Servando y San Germán en dicho lugar. Independientemente de la veracidad de la historia, en la que está claro su falsedad, ya que la misma proviene de una leyenda romántica sin fundamento del XIX, lo cierto es que era un día de campo o playa, y castañas, para los cañaillas. Y lo que es mejor, al ayuntamiento no le costaba ni un euro (en estos tiempos de escasez vendría de perlas), y sólo tenía que organizar a la policía local en los alrededores del Cerro. Y hay que decir, que el día de Las Cortes se mantiene, francamente, por la feria de la Tapa, que si no... No digo que eliminen esta última fiesta, pero que la celebren en un fin de semana cercano al 24 de septiembre. Al igual que el Halloween, no debe de prohibirse nunca, pero no fomentarlo a nivel institucional, el que quiera que lo celebre, pero nunca con el dinero de nuestros impuestos. 

   Sin embargo, últimamente los consistorios han incidido en crear en los centros históricos una especie de parques temáticos de disfraces de época, y en todas las ciudades se han creado mercados medievales, romanos, andalusíes, o de Las Cortes... Además, de precios no precisamente baratos. Hay que decir que mientras el día del Cerro o Tosantos sí tienen arraigo, el día de Las Cortes o Halloween son fomentados por las distintas instituciones, colegios entre ellos. Y en esto, España se parece a una dictadura, porque una fiesta deja de ser fiesta, si se pierde el componente espontáneo y popular. Si deja de ser del pueblo, y pasa a ser de las instituciones, deja de ser una fiesta para convertirse en una celebración con base adoctrinadora, algo así como el día del cumpleaños de la reina en Gran Bretaña. Es lógico que haya festivos y celebraciones locales y nacionales institucionales, como el día de las Fuerzas Armadas, o el de la Hispanidad, así como de la iglesia católica, mayoritaria en España. Pero el problema es que en los últimos años han decidido borrar en pos del comercio y del dinero, lo que eran manifestaciones populares del pueblo, y si eso es así, esto no es mi país, sino Corea del Norte. 

Halloween del pasado año en San Fernando.

martes, 15 de septiembre de 2015

Perdonad que me meta...

 Hoy es el nefasto día del Toro de la Vega, tradición, que por mucha afición taurina que se presente, no deja de ser una fiesta bárbara. Dicho ésto, y dejando ya claro mi posición, como amante de los animales y las plantas, voy a aclarar una serie de puntos dentro de la "discusión de bar" que se está dando dentro de las redes sociales con respecto al mundillo de la tauromaquia en general. Todos hemos visto miles y miles proclamaciones a favor y en contra de la llamada Fiesta Nacional, que he de decir, que no es tan nacional cuando ya no representa ni a la mayoría, y ésta, no deja de ser una reliquia de tiempos peores, todo hay que decirlo.

 Por otro lado, los taurinos dicen, y con razón, que sin dicha fiesta no existiría el toro de lidia en los campos. Y cierto es, que son muy necesarios para el mantenimiento de la dehesa, ya que forman parte indispensable de la misma; y que sin su rentabilidad, los ganaderos se dedicarían a la cría de otra especie llevando a la extinción al toro bravo. Para corroborar ésto, tenemos el ejemplo de los burros domésticos, que solamente sobreviven ya, en reservas asignadas para la conservación de la especie, y que malviven con las menguadas ayudas de la Junta de turno (si es que las hay) y con las visitas que niños y mayores hacen de sus instalaciones. Porque seamos sensatos en ésto, para los ganaderos, que viven de ello, si no hay rentabilidad, no hay toro. Les va a dar igual el medio, el ecosistema o la vida de la tórtola silvestre. Porque a fin de cuentas, nadie trabaja por amor al arte. Y es ciertamente, una lástima, perder una estampa única, y que nos define como paisaje tradicional de nuestra nación. 

 Ahora bien, aclarada las dos partes, en las que una y otra, como en todo, tienen su razón, he de decir que soy incapaz de ver una corrida, no hay arte donde no lo hay, no me vendan una patraña. Pues se quiera definir como se quiera definir, no deja de ser una tortura al animal. Cierto es que hay otras clases de ganado bovino, y sobre todo porcino, que mueren en un matadero, de manera eléctrica, en un sitio que es lo más parecido a un campo de exterminio nazi. Y de hecho, hay estudios que han afirmado que el estrés y los nervios del animal a la entrada del recinto es del todo similar a la de las víctimas de los mencionados campos de la Alemania Nazi; quien caiga en el error de pensar que los animales no sienten, es que directamente, no ve más allá de sus narices. La misma tensión y ansiedad se trasladaba, de hecho a los operarios de los mataderos, que en muchas ocasiones trabajaban con cascos (escuchando música o la radio) u orejeras para no oír el panorama existente alrededor. 

 Pero como en todo en la vida, hay términos medios, tal vez haya que mirar para Portugal, allí hay toros, y hay toreros, sólo que se le llaman forçados, y se dedican a torear y a hacer malabarismos con el animal, sin el sacrificio y la tortura que aquí sí se le presenta. Sería una forma intermedia de contentar a todas las partes, si es que las mismas quieren entenderse, y no deja de haber puristas y radicales. Seguiría el toro en la dehesa, sería rentable, y el maltrato se hubiera quitado de en medio, pero claro, habría que negociar, entenderse, y respetar al contrario, y eso, en España, últimamente no está de moda.


martes, 11 de agosto de 2015

Pacto fiscal para Cádiz...

 Esta es una entrada especial, corta, ya que me da coraje como los dirigentes de los dos partidos grandes (eternamente acomplejados) vuelven a premiar a quienes nos tratan al resto como una basura. Otra bajada más de pantalones de nuestros dirigentes que hablan de reformar la constitución, sin saber por qué, ni que hacer, pero no se atreven a dar un puñetazo sobre la mesa al eterno pulso de los nacionalistas catalanes al resto ya, de unos cansados, ciudadanos españoles. Hartos de tonterías de cuatro ricachones que desprecian al resto, mirándolos por encima del hombro. No se merecen mi respeto, ya que no me lo tienen ni a mí, ni a mi bandera, ni a mí país. Con faltas de respeto constantes a los símbolos nacionales, en los que tratan de justificarse como si fueran libertad de expresión, habría que preguntarse que pasaría si fuera al revés. Pero antes de calentarme, no quiero entrar hoy en ese tema. Quiero hablar de que si quieren beneficiar a alguien, que beneficien fiscalmente a nuestra tierra de una vez, que ya estamos hartos de que vengan diciendo que nosotros dormimos la siesta con sus dineros, esos que a su vez, pagamos nosotros con los nuestros, por otro lado, sus embajadas y caprichos megalómanos.

 Si alguien merece un pacto fiscal, y lo digo en serio, es la provincia de Cádiz, o Andalucía en su totalidad, ya que está afectada por la presencia de Gibraltar y su paraíso fiscal, la frontera con Marruecos, unos empresarios acomodados y "trabajadores" de PER, que no dan un palo al agua, y están acostumbrados a subvenciones. El pacto fiscal sería necesario para traer empresarios activos e innovadores y eliminar a toda clase de parásitos dentro del tejido económico. Desechamos de este modo las costosas e inútiles subvenciones y fondos europeos, que se pierden en proyectos pocos eficaces para eliminar el paro del lugar. Asimismo, la zona podría competir, en más o menos igualdad, con la colonia británica, aunque no podría equipararse a la economía tramposa de la Roca. No obstante, la provincia o región se vería a la altura del País Vasco o a Navarra, y entonces, sí que habría la posibilidad de una economía productiva e innovadora, y no parasitaria de las subvenciones como hasta ahora...con empresarios y amiguetes de turno que abren empresas para cobrar la pasta, y luego hacer un ERE y cerrar cuando les da la gana.

 Cataluña ni mucho menos, está en posesión de exigir tal cosa, y que no descuide en que al ser la soberanía nacional cosa del pueblo, terminen por tener más votos (en un supuesto referendum nacional) a favor de su independencia en cualquier barrio de Jerez o Tomelloso que en Vic, que de todo se cansa uno...


sábado, 8 de agosto de 2015

Cocinando...con microondas.

 Hay que reconocerlo, el verano es aburrido en cuanto a temáticas para escribir; uno se relaja, y vive la playa, los torneos veraniegos, las noches en blanco de los distintos pueblos y ciudades, y los telediarios, que pueden ser fuente de inspiración, son también soporíferos, y uno se encoraja cuando ve un incendio provocado tras otro (cadena perpetua o sacrificio humano al Dios Pan pido yo, para estos desgraciados). Para colmo, el resto de programación es de temporada baja; pero sí que hay una cosa que no nos abandona ni en las horas más estivales de los últimos años: los cocineros.

 Están a la última en la Primera de TVE, y en las encuestas del CIS, y uno, no sabe donde se practica más la tosta de choped en lata con reducción de ali oli al sol. Aunque me temo que en la última, donde según las encuestas, el PSOE gana por intención de voto, pero el PP ganaría las elecciones...ya me creo cualquier cosa en España, un nación donde un partido puede gobernar sacando un sólo escaño haciendo un tetrapartito que es algo igual de disparatado que los triunviratos de Roma, en el cual, acababan asesinándose los unos a los otros. Aquí, el resultado está claro, el PSOE se cargará a todos aquellos que se alíen con él, lo ha hecho con el PA, con el PSA, con IU, y lo acabará haciendo con Podemos. Es una curiosidad, en nuestra nación que el voto de la izquierda se encuentra fragmentado, salvo cuando gana el partido socialista, que recibe los votos de los partidos menores, a los cuales, les pasa factura la responsabilidades propias, y las del partido con el que se han aliado...que al final, como cierto amigo cabroncete que yo tenía, hacía las putadas, pero luego la culpa era del que estaba al lado. Total, que al final se come a todos guisados con papas. En el caso del PP, todo es nuevo, antes era el voto unificado de la derecha, pero la entrada de Ciudadanos en el panorama nacional, y el minusvalorado VOX, que no saca escaños, pero que ambos, les quitan votos por la izquierda y derecha de las distintos alas de un partido que se ha dedicado a soltar guantazos a dos manos a la ciudadanía que le votó, y que ahora que le ha visto las orejas al lobo (o a la manada entera diría yo) es cuando quiere hacer políticas sociales, en una España con sueldos de 400 euros. Claro está, que se va a comer sarandonga, arroz con bacalao, en las próximas elecciones. Para colmo de males, tenemos en Cataluña a un Artur Mas (más carajote no puede ser), que se empeña en meter el bogavante constantemente, porque la gamba ya se le ha quedado corta.

 En fin, siempre nos quedará Cocineros al Volante, con un jurado, como no, compuesto por un andaluz y vasco (que original en los últimos tiempos) como continuación veraniega y jartible de Masterchef, en una época que todo el mundo que puede come en los bares o de microondas, cuando viene de la playa. Pero al fin y al cabo, pone de relieve el éxito de lo gastronómico en nuestra nación, y es que a los ciudadanos de nuestro país les importa un comino (o azafrán) el hecho de si la macroeconomía de España es de las punteras de una Europa decadente, o si la Guerra Civil tenía que haber acabado de un modo u otro, o de si quieren ser una nación dentro de un cúmulo de naciones, dentro de un país de países en la república independiente de mi casa, o de si hay que cambiar la constitución, o guillotinar al Rey en la Plaza Mayor de Madrid. A todos y a cada uno de nosotros, lo que de verdad nos interesa, y a los políticos les da igual, es que podamos comer bien todos los días del año, y a ser posible, darnos un homenaje en algún restaurante, de vez en cuando. El resto, es como un guiso de papas con chocos, que para tragárselo hay que tirar de sal de frutas o de un tónica. Y el resto si la cosa va bien, de postre, y si no, pues nada, que no está la cosa para muchos caprichos.